Radiografía de un documento. Por JM Prades


Cuando algunos guardias civiles reclamaban democracia, derechos y desmilitarización.

Hay documentos que no necesitan interpretación para resultar incómodos. Basta con leerlos.

Este es uno de ellos.

En la parte superior, ocupando un lugar central, aparece una palabra de enormes dimensiones: "MAFIA". Pero no está sola. Dentro de sus letras aparecen GAL, Luis Roldán, Mutua Benéfica, Guardia Civil, Cassinello y CESID. No es una acusación judicial ni podemos convertir ese montaje propagandístico en una prueba de responsabilidad individual. Es, eso sí, una representación inequívoca de cómo sus autores percibían el entramado de poder frente al que decían estar luchando.

Y entonces aparecen los márgenes. A la izquierda, un SOS: "Necesitamos ayuda".

Quienes lo escriben afirman estar perseguidos por intentar ser demócratas y defender la Constitución. Denuncian que no pueden defender la libertad del pueblo si ellos mismos no pueden defenderse y proclaman estar hartos de "ser siempre los malos".

A la derecha, el SOS se transforma en llamamiento: "¡Compañeros! ¡Luchemos por nuestros derechos!".

Y llegan las reivindicaciones: contra la tiranía de los mandos, contra la negación de derechos, contra la "Guardia Civil militar" y contra la que califican de "opresión militar".

En el centro, otra palabra lo resume todo: "Desmilitarización".

No estamos, por tanto, ante una reconstrucción posterior de la memoria. Hubo guardias civiles que, desde la clandestinidad, reclamaron democracia, Constitución, derechos y desmilitarización. Lo dejaron escrito cuando hacerlo no era precisamente una actividad inocua.

Y eso plantea una pregunta inevitable: ¿qué ha ocurrido para que una reivindicación que entonces podía escribirse con grandes letras termine siendo hoy prácticamente innombrable?

Hay una frase que merece ser conservada: "Dudamos poder defender libertad pueblo, si nosotros mismos no podemos defendernos".

Ahí está probablemente el núcleo político de todo el documento. La reivindicación no se presenta solamente como una cuestión corporativa. Sus autores establecen una relación entre los derechos de los agentes y la capacidad de la propia Institución para garantizar los derechos ciudadanos.

Eso resulta especialmente relevante hoy.

Porque la historia del asociacionismo profesional no comenzó cuando las asociaciones pudieron organizarse legalmente. Antes hubo clandestinidad, octavillas, persecuciones, expedientes, prisión y expulsiones. Hubo personas que reclamaron derechos cuando esos derechos todavía tenían un precio.

El documento permite formular, además, una reflexión que quizá sea más importante que cualquier sigla concreta:

¿Qué parte de la historia que hoy se atribuye al asociacionismo profesional procede realmente de aquellos movimientos clandestinos anteriores?

No se trata de idealizarlos. Tampoco de convertir un panfleto en una verdad absoluta. Se trata simplemente de no borrar la evidencia documental porque resulte incómoda para el relato posterior.

Porque resulta difícil contemplar hoy aquellas palabras sin advertir una paradoja.

Aquellos guardias no reclamaban únicamente mejoras salariales, horarios, medios o bienestar profesional. Cuestionaban el propio modelo. Reclamaban derechos y libertad y escribían, literalmente:

"NO A LA GUARDIA CIVIL MILITAR".

Y mientras lo hacían, quienes elaboraron aquel documento colocaban sobre sus cabezas una palabra todavía más contundente: "MAFIA".

Tal vez esa sea la verdadera razón por la que merece ser recuperado.

Porque no solo habla de lo que algunos guardias civiles querían cambiar.

También permite preguntarnos qué fue de aquellas reivindicaciones, cuáles se consiguieron, cuáles se abandonaron y cuáles dejaron de formar parte del discurso.

Y, sobre todo, recuerda algo elemental: la historia de los derechos no comienza cuando se permite reivindicarlos legalmente. A veces comienza mucho antes, cuando alguien se atreve a reclamarlos clandestinamente.

Hay documentos que sirven para conocer el pasado. Y hay otros que, además, interrogan el presente.

Este pertenece a la segunda categoría. Este documento es una pequeña pieza de esa historia. Y quizá convenga volver a leerla.

Porque si aquellos guardias civiles fueron capaces de escribir "desmilitarización", "Constitución" y "libertad" cuando hacerlo podía tener consecuencias, quizá la pregunta que deberíamos hacernos hoy no sea cuánto ha avanzado el asociacionismo profesional.

Quizá debamos preguntarnos cuánto de aquello que aquellos hombres reclamaban sigue pendiente, cuánto se consiguió realmente y, sobre todo, cuánto se dejó de reclamar por el camino.

Y esa sí sería una historia que merece ser contada.

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