José Manuel Sánchez Fornet, dos años sin una voz incómoda para el poder. Por JM Prades

 


Policía nacional, histórico dirigente del sindicalismo policial y defensor de derechos, dedicó su vida a cuestionar el corporativismo y a reivindicar una policía democrática.

Navidad de 1982. En el estadio Benito Villamarín de Sevilla, un joven policía recibe instrucciones de un dirigente sindical para trasladarlas al comité del Sindicato Unificado de Policía en Madrid. El encuentro debía ser discreto. El sindicalismo policial todavía caminaba por una zona gris entre la tolerancia institucional y la clandestinidad.

El policía era José Manuel Sánchez Fornet.

El dirigente que le transmitía consignas era José López González, uno de los referentes históricos del sindicalismo policial.

Aquel encuentro marcaría el inicio de una trayectoria que, con el paso de los años, convertiría a Sánchez Fornet en uno de los nombres más influyentes del sindicalismo policial español.

Hoy se cumplen dos años de su fallecimiento.

En Madrid formó parte de la gestora clandestina del sindicato y posteriormente del comité provincial cuando la organización comenzó a operar en condiciones más normalizadas.

Aquellos primeros años marcaron profundamente su concepción del sindicalismo: una herramienta para defender derechos laborales, pero también para democratizar las instituciones.

Con el paso del tiempo su compromiso lo llevaría a ocupar la secretaría general nacional del SUP entre 1992 y 2013, la etapa más larga de liderazgo sindical dentro de las fuerzas de seguridad españolas.

Durante más de dos décadas al frente del sindicato, Sánchez Fornet participó en algunos de los debates más importantes sobre la evolución del modelo policial en España.

El SUP se consolidó en esos años como la principal organización representativa dentro de la Policía Nacional y como una voz habitual en el debate público sobre seguridad.

El propio Fornet recordaría años después el papel del sindicato en la consolidación democrática de las fuerzas de seguridad:

"El SUP fue un referente en la defensa de un modelo policial de respeto a los derechos civiles de la ciudadanía y a los derechos laborales de los policías".

Para él, ambas cuestiones estaban profundamente conectadas. Una policía democrática -defendía- debía respetar los derechos de los ciudadanos y garantizar los de sus propios miembros.

Uno de los rasgos que definieron su trayectoria fue su rechazo al corporativismo entendido como silencio ante los problemas internos.

Sánchez Fornet sostenía que la credibilidad de una institución pública depende de su capacidad para reconocer errores y denunciarlos cuando es necesario.

Lo expresó con claridad en uno de sus textos:

"Un sindicato de policías que denuncia corrupción obtiene el reconocimiento de la gente decente".

Ese posicionamiento lo llevó en ocasiones a enfrentarse tanto con responsables políticos como con sectores de la propia policía que preferían una actitud más sumisa.

También se mostró crítico con determinadas políticas de seguridad cuando consideró que podían afectar al equilibrio entre seguridad y libertades, como ocurrió con la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida cómo "Ley Mordaza".

Su compromiso con la transparencia lo llevó a intervenir en cuestiones que trascendían el ámbito estrictamente sindical.

Más allá de los grandes debates políticos, una parte importante de su trabajo sindical estuvo dedicada a la defensa de policías expedientados o sancionados por denunciar irregularidades o por ejercer derechos sindicales.

Para Sánchez Fornet, el sindicalismo debía servir también para proteger a quienes se encontraban en situaciones de vulnerabilidad frente a la estructura jerárquica.

Ese compromiso explica por qué muchas veces se implicó personalmente en la defensa pública de agentes que consideraba injustamente tratados.

La deuda con los guardias civiles expulsados.

En los últimos años dedicó especial atención a una causa que consideraba una deuda pendiente de la democracia española: la situación de los guardias civiles expulsados del cuerpo durante la década de los años 90 del siglo pasado por reclamar derechos constitucionales.

En distintos artículos recordó cómo algunos de aquellos agentes fueron sancionados, encarcelados o expulsados simplemente por pedir libertades básicas.

En uno de sus textos lo expresó con claridad:

"Queda la posibilidad de un real decreto específico de reingreso que permita resolver la injusticia cometida con ellos".

Contra la corrupción.

Tras dejar la dirección del SUP continuó participando en iniciativas cívicas destinadas a denunciar la corrupción en la vida pública.

Entre ellas destacó su implicación en el Observatorio Ciudadano contra la Corrupción -OCC-, desde donde defendió la necesidad de una vigilancia permanente por parte de la sociedad civil.

Así mismo, intervino en el Colectivo Democrático de Policías y Guardias Civiles -GUCIPOL-, y a señalar como su objetivo prioritario el reingreso de los guardias civiles expulsados y el más genérico de defender derechos humanos y libertades públicas.

En uno de sus artículos resumió esa convicción con una frase directa:

"El silencio ante la corrupción es una forma de complicidad".

Un libro imprescindible.

En los últimos años de su vida quiso dejar también testimonio escrito de su experiencia.

Fruto de ese trabajo es el libro Entre héroes y villanos. Memorias de un policía nacional y sindicalista, una obra que recorre décadas de historia sindical y policial en España.

Más que unas simples memorias personales, el libro constituye un recorrido por la evolución del sindicalismo policial, las luchas internas dentro de la institución, la lucha contra el terrorismo y los debates sobre derechos y libertades en democracia.

Para muchos lectores se trata de un auténtico vademécum de la historia sindical policial de este país, una obra imprescindible para comprender la evolución del movimiento sindical dentro de las fuerzas de seguridad.

La ilusión que no llegó a ver cumplida.

Quienes hablamos con él en los últimos años recordamos que tenía una ilusión especial con ese libro.

Deseaba poder cerrarlo con una noticia concreta: la reparación institucional de la injusticia cometida con los guardias civiles expulsados por reclamar derechos constitucionales.

Pero la muerte lo sorprendió el 15 de marzo de 2024 antes de poder ver publicada la obra y antes de que esa reparación histórica se materializara.

Un legado de coherencia.

Dos años después de su muerte, la figura de José Manuel Sánchez Fornet sigue siendo recordada por su independencia, su compromiso con los derechos y su defensa de una policía plenamente democrática. Un arquetipo del sindicalismo policial donde historia y leyenda cabalgan juntas.

Tuvo detractores. Fue una voz incómoda para muchos poderes, pero también una voz necesaria.

Defendió a policías cuando creyó que eran tratados injustamente, denunció abusos cuando los vio y mantuvo viva la memoria de quienes pagaron un precio por reclamar derechos que hoy forman parte de la normalidad democrática.

No llegó a ver cumplidas todas sus aspiraciones.

Pero dejó algo más importante: el ejemplo de que incluso dentro de instituciones profundamente jerárquicas es posible mantener la independencia, la crítica y la fidelidad a los principios.

Y ese legado, inalterable, sigue teniendo pleno sentido.

Su forma de entender el oficio policial quedó resumida en una frase:

"La Policía es mi profesión y el uniforme no es un burka mental; me importa lo que le pasa a la gente".

Toda una declaración de principios. De dignidad.

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