Un abrazo que contenía toda una historia. Por JM Prades
La jornada del 29 de octubre se celebró bajo el impacto de la tragedia ferroviaria ocurrida la víspera en Urda (Toledo), un accidente que había conmocionado al país. Florencio Garrido llegó tarde. La huelga de maquinistas había complicado el viaje y, entre unas cosas y otras, el reloj había avanzado más de lo previsto. Cuando por fin encontró la sala y accedió al acto, un diputado estaba interviniendo. Serían aproximadamente las once de la mañana. Se identificó, entró en la Sala de las Trece Rosas y buscó con la mirada a los conocidos. Allí estaban Pepe Tejero y José Carlos Piñeiro. Entonces ocurrió algo que nadie había previsto. Piñeiro se levantó y caminó hacia él. Él hizo lo mismo. Entre ambos quedaba el espacio central de la sala, ese pasillo que separaba la zona de intervención de los asientos. Se encontraron allí, en medio, mientras el diputado continuaba hablando. Y se abrazaron. No fue un saludo rápido, ni uno de esos abrazos protocolarios que acompañan los reencuentros. Fue un...