¿Cuánto queda todavía por democratizar? Una jornada que recupera la memoria de la lucha sindical en las Fuerzas de Seguridad y pone sobre la mesa derechos que todavía siguen siendo objeto de debate. Por JM Prades


Hay jornadas que merecen ser apoyadas no tanto por quienes las organizan, sino por los asuntos que se atreven a poner sobre la mesa. La que se celebrará el próximo 29 de octubre en Madrid, dedicada al reconocimiento efectivo del derecho de sindicación y negociación colectiva en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, pertenece, a mi juicio, a esa categoría.

El programa aborda el pasado, el presente y el futuro de los derechos colectivos de policías y guardias civiles, incorporando además la memoria de la lucha clandestina, la represión de quienes participaron en ella y la cuestión todavía pendiente de su reparación jurídica y económica. No es, por tanto, una simple jornada sobre reivindicaciones profesionales. También es una invitación a preguntarnos cuánto de aquella lucha llegó realmente a la democracia y cuánto quedó por el camino.

En este contexto merece una mención especial el Sindicato Reformista de Policías (SRP) y la claridad con la que expone sus principales reivindicaciones. Porque algunas de ellas no se limitan a reclamar mejores condiciones laborales, sino que cuestionan abiertamente el modelo policial existente.

SRP defiende la unificación de la Policía Nacional y la Guardia Civil en un único cuerpo policial civil estatal, junto a las policías autonómicas y locales; la plena independencia de la esfera religiosa; el reconocimiento de sus integrantes como funcionarios del Estado con plenos derechos; su representación en la Mesa de la Función Pública; y una libertad sindical plena, que permita incluso la afiliación a sindicatos generales de trabajadores y funcionarios. A ello añade el derecho a la negociación colectiva y a la huelga concertada.

Son planteamientos que, más allá de que puedan compartirse en su totalidad o discutirse en alguno de sus extremos, tienen una virtud indudable: obligan a hablar de modelo, y no solamente de mejoras.

También resulta significativa su propuesta de sustituir el actual Consejo de la Policía por un órgano central de negociación vinculante, así como su defensa de criterios objetivos, transparentes y verificables para el acceso al cuerpo, la promoción interna, la adscripción y el cambio de unidades y destinos. La reivindicación de que mérito, capacidad, igualdad, escalafón y transparencia sean los parámetros determinantes no es una cuestión menor cuando hablamos de instituciones sometidas al principio de legalidad y al servicio de todos los ciudadanos.

Y hay algo más que merece ser destacado. SRP plantea eliminar las medallas y felicitaciones públicas como mecanismo de reconocimiento profesional. Puede parecer una cuestión secundaria frente a otras reivindicaciones, pero forma parte de una concepción más amplia: sustituir la discrecionalidad por reglas objetivas y transparentes.

Todo ello conecta, de alguna manera, con una cuestión que la propia jornada pone sobre la mesa: ¿hasta qué punto la democratización de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ha sido completa?

La pregunta no es retórica. Si hace medio siglo hubo profesionales que, desde la clandestinidad, reclamaron derechos colectivos que entonces parecían incompatibles con la estructura policial existente, quizá resulte legítimo preguntarse qué queda todavía por democratizar.

Apoyar una jornada como ésta no significa necesariamente compartir cada una de sus propuestas. Significa reconocer que una democracia madura no debería tener miedo a discutirlas.

Y tampoco debería tener miedo a mirar hacia atrás.

Porque recuperar la memoria de quienes reivindicaron derechos cuando hacerlo podía costarles la carrera, la libertad o ambas cosas no consiste únicamente en rendir homenaje. Consiste también en preguntarnos qué parte de aquellas reivindicaciones llegó a convertirse en realidad, cuáles fueron transformadas por el camino y cuáles continúan esperando.

Por eso merece la pena escuchar a quienes estarán en Madrid el 29 de octubre. A los representantes sindicales, a los juristas, a los responsables políticos y, especialmente, a quienes fueron protagonistas de aquella lucha clandestina.

Porque quizá la mejor manera de honrar aquella historia no sea darla por terminada, sino atreverse a comprobar cuánto queda todavía por hacer.

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