ANTES DEL SUGC: LA HISTORIA QUE EMPEZÓ EN LOS CUARTELES. Por JM Prades
USGC, SPGC, las primeras octavillas clandestinas y el cabo Rosa. La desmilitarización no nació en 1986: ya estaba escrita en el origen mismo del sindicalismo clandestino de la Guardia Civil.
En agosto de 1986 el SUGC no era simplemente un movimiento clandestino que reclamaba mejoras profesionales. Era una organización que planteaba una transformación estructural de la Guardia Civil: desmilitarización, democratización, sindicalización y dirección civil. Su actividad provocó una reacción institucional que incluyó investigación y vigilancia. Represión. Al mismo tiempo, la prensa contemporánea documentó la existencia de vínculos entre el SUGC y el SUP, mientras el propio Gobierno negaba públicamente la existencia del sindicato clandestino cuya actividad estaba siendo investigada.
Un artículo de El Diario Vasco del 14 de agosto de 1986 afirma que en Interior confían que el SUGC "siga la misma suerte que el Sindicato Profesional de la Guardia Civil, y la Unión Sindical de Guardias Civiles. Ambas organizaciones habían surgido en 1983, respaldadas por sindicatos policiales, pero que prácticamente habían desaparecido".
¿Desapareció realmente el SPGC o fue absorbido, desplazado o integrado su núcleo militante en el SUGC?
La USGC es todavía más problemática porque su rastro documental parece mucho más débil. Tenemos otra organización clandestina anterior al SUGC que ya estaba planteando prácticamente el mismo programa político-profesional.
No hubo un único sindicato clandestino de la Guardia Civil. Hubo sucesivos intentos de organizar sindicalmente a los guardias civiles, con distintas siglas, dirigentes y posiblemente distintas estrategias.
En mayo de 1986, El País informa de que los servicios de información de la Guardia Civil investigaron la reunión del SUGC y dice expresamente que el SUP estaba impulsando la sindicación a favor del SUGC y en detrimento del SPGC.
Esto plantea una pregunta capital: ¿Por qué?
¿Por qué el SUP apuesta por el SUGC y no por el SPGC?
¿Había diferencias ideológicas?
¿Había diferencias organizativas?
¿Había diferencias personales?
¿Existían distintas procedencias políticas?
¿Tenía el SUGC mayor implantación?
¿O se produjo una operación deliberada de concentración del sindicalismo clandestino de la Guardia Civil alrededor de una única sigla?
Porque en agosto, apenas tres meses después, la prensa ya presenta al SPGC y a la USGC como organizaciones prácticamente desaparecidas.
Y el SUGC aparece como la organización que ha conseguido ocupar ese espacio.
En el artículo de El País del 18 de agosto de 1986 encontramos una afirmación del propio SUGC según la cual el sindicato había empezado a formarse en 1977, a partir de los acontecimientos de la Seguridad Social, y que aquello habría sido el germen del entonces denominado SPGC y, posteriormente, del SUGC.
Aquí tenemos tres relatos históricos distintos:
Prensa 1983: aparece el SPGC
Documentación posterior: la USGC ya existía públicamente en 1983.
El propio SUGC en 1986: sus raíces se remontan a 1977 y el SPGC sería un antecedente del SUGC.
Significa que la propia genealogía del movimiento sindical de la Guardia Civil era discutida ya en aquel momento.
El verano de 1986 podría representar no el nacimiento del sindicalismo clandestino de la Guardia Civil, sino el momento de concentración de varias experiencias sindicales clandestinas anteriores alrededor del SUGC.
Mucho antes de que existieran las asociaciones profesionales, hubo sindicatos clandestinos. Y mucho antes de que la desmilitarización desapareciera de algunos programas reivindicativos, ya figuraba expresamente en los documentos fundacionales de aquellos primeros sindicatos. La Unión Sindical de Guardias Civiles reclamaba en 1983 la "desmilitarización a corto plazo". El Sindicato Profesional de la Guardia Civil defendía ese mismo objetivo. Y en 1986 el SUGC volvía a situarlo entre sus principales reivindicaciones. No fue, por tanto, una reivindicación sobrevenida: estaba en el origen mismo del movimiento. Lo curioso es que, con el paso del tiempo, aquella reivindicación fundacional pareció desaparecer por arte de magia de buena parte del relato posterior.
Estamos empezando a reconstruir una historia documental que tiene bastantes lagunas en el relato oficial del asociacionismo de la Guardia Civil.
Mi primera referencia a la existencia de un sindicato clandestino dentro de la Guardia Civil no procede de un libro ni de una hemeroteca. La recuerdo de la primavera de 1982, cuando me encontraba en la Academia de Úbeda. Un día, "radio macuto" -expresión asociada a la vida cuartelaria y al servicio militar obligatorio, utilizada para referirse a la red informal de rumores, comentarios y noticias que circulaban entre los soldados, muchas veces sin confirmación oficial- llevó por las compañías la noticia de que habían aparecido octavillas de un sindicato clandestino en los lavabos de alguna de ellas.
Durante décadas quedó ahí, en la memoria, como uno de tantos episodios de aquella época. Hoy, sin embargo, la documentación que estamos recuperando permite contemplarlo de otra manera. Porque las fuentes sitúan precisamente en 1982 los primeros pasos organizados del sindicalismo clandestino de la Guardia Civil, la creación de la USGC y señalan que sus reivindicaciones fueron difundidas mediante tablas repartidas por los cuarteles.
La historia, por tanto, deja poco margen para la duda. La desmilitarización no fue una ocurrencia tardía ni una reivindicación incorporada al movimiento asociativo décadas después. Estaba allí desde el principio: en las primeras octavillas clandestinas, en las reivindicaciones de la USGC, en el programa del SPGC, en las pancartas del SUGC y en la batalla de Manuel Rosa, quién puso su rúbrica en septiembre de 1986.
Quizá la historia no desaparezca. Quizá simplemente haya que volver a buscarla donde quedó guardada.
El sindicalismo clandestino de la Guardia Civil no nació en 1986 con el SUGC. 1986 fue el momento en que una historia que llevaba años circulando clandestinamente por los cuarteles consiguió hacerse visible.
Hay recuerdos que durante años parecen simplemente eso: recuerdos.
No aparecen en los periódicos. No figuran en los archivos. Nadie los incorpora a una cronología. Quedan almacenados en la memoria de quienes los vivieron, mezclados con tantas otras cosas que ocurrieron en aquellos años.
La historia da otro giro cuando esa reivindicación colectiva empieza a adquirir un rostro.
El del cabo Manuel Rosa Recuerda.
Rosa no fue simplemente otro integrante de aquellas estructuras clandestinas. Su caso acabaría convirtiéndose en uno de los grandes conflictos jurídicos sobre la naturaleza de la Guardia Civil y los derechos de sus miembros.
En 1990, El País publicó "La maraña de expedientes del cabo Rosa".
El título ya era suficientemente expresivo.
Pero lo verdaderamente revelador era cómo definía el periódico el fondo del conflicto: Rosa se había convertido en un símbolo de la discusión sobre el carácter civil de la Guardia Civil.
Para entonces, el caso había generado una auténtica acumulación de procedimientos judiciales, disciplinarios y recursos.
Aquello ya no era solamente sindicalismo clandestino.
Era una batalla jurídica.
Y, en el fondo, la pregunta seguía siendo la misma que había aparecido años antes:
¿Qué era realmente la Guardia Civil en una democracia?
¿Un cuerpo militar?
¿Un cuerpo policial de naturaleza militar?
¿Una institución civil sometida a disciplina militar?
¿O una institución que debía avanzar hacia una naturaleza plenamente civil?
El debate no había desaparecido.
Había cambiado de escenario.
Quedan muchas preguntas.
Pero quizá no sea necesario tener todavía todas las respuestas para extraer una primera conclusión.
La historia documental que estamos reconstruyendo permite afirmar que el sindicalismo clandestino de la Guardia Civil nació con una reivindicación que después, por alguna razón, se fue diluyendo en determinados relatos: la desmilitarización.

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