Marco... ¿sin cuadro? Por JM Prades
Hace unos meses dediqué un artículo a esos personajes que, por razones difíciles de comprender y aún más difíciles de justificar, decidieron construirse una biografía más épica que la realidad. Personas que no se conformaron con haber vivido una vida, sino que necesitaron inventarse otra.
Ahí estaba Enric Marco, durante años presentado como superviviente de los campos nazis, hasta que el historiador Benito Bermejo demostró que jamás había pisado uno. O Tania Head, convertida en el rostro más conocido de los supervivientes del 11-S, pese a que nunca estuvo en las Torres Gemelas.
No eran casos aislados. También abundan los falsos veteranos de guerra del llamado Stolen Valor, individuos que se cuelgan medallas ajenas porque las propias no parecen suficientes.
Todos ellos tenían algo en común: comprendieron que, en ocasiones, el relato seduce más que los hechos.
Pero existe otra modalidad mucho más sutil. No consiste en inventar una historia, sino en reescribirla. No se falsifican los acontecimientos; se reorganizan. Se selecciona cuidadosamente qué recordar y, sobre todo, qué olvidar.
Quizá sea una variante más sofisticada del fenómeno Marco.
El protagonista antes que la causa
Ha tenido conocimiento de una instancia dirigida a la Directora General de la Guardia Civil solicitando una reunión personal para hablar de la situación interna del Cuerpo, de la cual se hace eco el medio Periodista Digital en su blog Tricornios en Democracia.
Hasta aquí, nada que objetar.
Lo interesante comienza cuando uno lee cómo se presenta el solicitante.
En apenas unas líneas encontramos una sucesión de referencias a sí mismo:
- antiguo miembro del SUGC;
- cofundador de Coproper y AUGC;
- detenido;
- encarcelado;
- expedientado;
- propuesto para expulsión;
- dado de baja por tribunal médico militar;
- objetivo número cinco de la Operación Columna.
Es, sin duda, una biografía intensa.
Tan intensa que durante varios párrafos el verdadero asunto (la situación de la Guardia Civil) permanece en segundo plano.
El protagonista no es el problema.
El protagonista es quien dice venir a explicarlo.
La memoria selectiva
Sin embargo, hay una ausencia que resulta extraordinariamente llamativa.
Si alguien invoca su condición de antiguo miembro del Sindicato Unificado de la Guardia Civil como principal aval moral, cabría esperar alguna referencia a aquello por lo que aquel sindicato clandestino luchó.
Pero no.
Ni una palabra.
Ni una sola.
Ni desmilitarización.
Ni derecho de sindicación.
Curioso.
Porque esas no fueron reivindicaciones secundarias.
Fueron precisamente la razón de ser del movimiento clandestino.
Los guardias civiles que se jugaron la libertad, la carrera profesional e incluso la prisión no lo hicieron para que cuarenta años después alguien pudiera pedir una reunión "para tomar un té" con la Directora General.
Lo hicieron porque entendían que el verdadero problema era estructural.
Y el diagnóstico tenía nombre:
- naturaleza militar del Cuerpo;
- prohibición de sindicación.
Todo lo demás venía después.
Cuando desaparece la causa
El escrito habla de:
- deterioro institucional;
- pérdida de cohesión;
- silencios forzados;
- falta de mecanismos eficaces;
- desconexión entre la realidad y la dirección.
Son afirmaciones graves.
Muy graves.
Tan graves que uno espera encontrar inmediatamente después datos, informes, ejemplos o propuestas.
Pero no aparecen.
El soporte argumental acaba siendo otro:
"Yo lo he vivido."
"Yo lo conozco."
"Yo debo explicárselo."
Es decir, la autoridad del argumento no reside en las pruebas, sino en la biografía del narrador.
Y aquí aparece una paradoja.
Quien denuncia un problema estructural evita mencionar precisamente la estructura cuya reforma inspiró la clandestinidad que reivindica.
El té como solución estructural
Quizá el momento más desconcertante llegue cuando, tras describir una institución prácticamente al borde del colapso moral, la solución propuesta consiste en mantener una conversación "sin formalismos", tomando un té con la Directora General.
Uno no sabe si está leyendo una instancia administrativa o la sinopsis de una sobremesa.
Si los problemas son realmente estructurales, cuesta creer que puedan resolverse con una infusión.
Tal vez habría sido más coherente acompañar la solicitud de un informe.
O de propuestas.
O de un análisis.
O simplemente de hechos.
Lo que tampoco se cuenta
Hay otro detalle que merece atención.
En la relación autobiográfica aparece el pase a retiro acordado por un tribunal médico militar.
Es un hecho.
Ahora bien, cualquier episodio administrativo tiene un antes y un después.
Si existía la posibilidad de recurrir aquella resolución y finalmente no se hizo, esa circunstancia forma parte igualmente de la historia.
No para deslegitimar a nadie.
Sino porque la memoria completa siempre resulta más útil que la memoria parcial.
La historia rara vez cabe en un titular.
Entre la historia y el relato
Existe una diferencia fundamental entre la memoria y el relato.
La memoria intenta conservar los hechos.
El relato selecciona aquellos hechos que mejor sirven al personaje.
Y cuando el personaje termina ocupando todo el escenario, la causa acaba desapareciendo detrás del decorado.
Eso es quizá lo más preocupante.
No que alguien recuerde su pasado.
Sino que invoque una lucha histórica mientras omite precisamente aquello por lo que esa lucha merece ser recordada.
Porque la clandestinidad en la Guardia Civil nunca tuvo como objetivo fabricar héroes individuales.
Tuvo como objetivo conquistar derechos colectivos.
Desmilitarización.
Sindicación.
Libertad.
Todo lo demás son biografías.
Y las biografías, por muy interesantes que sean, nunca deberían eclipsar la historia.
Como suele ocurrir, el tiempo termina separando a quienes hicieron de una causa el centro de su vida de quienes hicieron de su vida el centro de la causa. Ahí reside la diferencia entre construir derechos para todos y construir un relato sobre uno mismo. La historia suele ser bastante implacable distinguiendo una cosa de la otra.

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