La tesis doctoral que España todavía debe a los guardias civiles clandestinos. Por JM Prades
Tras la revisión de los principales repositorios universitarios españoles y de la literatura académica disponible, no se ha localizado ninguna tesis doctoral, TFM o TFG cuyo objeto principal sea el estudio histórico del sindicalismo clandestino en la Guardia Civil desde las primeras movilizaciones de 1976, la creación del SUGC, la Operación Columna o la evolución del movimiento reivindicativo clandestino. La clandestinidad aparece únicamente como antecedente en estudios jurídicos sobre el derecho de asociación profesional, pero no ha sido objeto de una investigación monográfica de carácter histórico. Existe, por tanto, un vacío historiográfico evidente.
En 1984, de Orwell, la manipulación del pasado no consiste únicamente en inventar hechos. También consiste en seleccionar qué hechos merecen ser recordados y cuáles quedan fuera del relato.
La memoria de un movimiento no solo la construyen quienes hicieron la historia, sino también quienes consiguen contarla. Cuando unos episodios reciben amplia difusión y otros apenas dejan rastro documental, con el tiempo el relato puede acabar sustituyendo a la complejidad de los hechos.
Hay silencios que resultan más elocuentes que muchos discursos.
España cuenta con decenas de tesis doctorales sobre el movimiento obrero, las Comisiones Obreras, la UGT, la CNT, la Transición política, la reforma militar, los servicios de inteligencia, el terrorismo, la Policía Armada e incluso sobre conflictos muy específicos de aquellos años.
Sin embargo, existe una historia que continúa prácticamente huérfana de investigación universitaria.
No existe, hasta donde alcanza la búsqueda en los principales repositorios académicos, una tesis doctoral dedicada al sindicalismo clandestino en la Guardia Civil.
Y debería hacernos reflexionar.
Una historia incómoda
No hablamos de un episodio menor.
Hablamos de guardias civiles que, durante la Transición y los años posteriores, organizaron estructuras clandestinas dentro de un instituto armado.
No para derribar el Estado.
Precisamente para democratizarlo.
Su objetivo era tan sencillo como revolucionario para la época:
desmilitarizar la Guardia Civil y reconocer el derecho de sindicación.
Aquellas reivindicaciones costaron expedientes, detenciones, consejos de guerra, prisión, expulsiones, retiros forzosos, vigilancia por los servicios de información y la conocida Operación Columna.
Y, sin embargo, cuarenta o cincuenta años después, apenas han merecido atención académica.
¿Por qué?
La pregunta resulta inevitable.
¿Por qué existen cientos de trabajos sobre otros movimientos sociales de la Transición y ninguno sobre éste?
¿Acaso porque afectaba a una institución militar?
¿Por qué muchos documentos permanecieron dispersos?
¿Por qué los propios protagonistas nunca entregaron sus archivos?
¿O por qué la historia terminó siendo sustituida por los relatos personales?
Tal vez concurran todas esas razones.
El riesgo del relato
Cuando la Universidad no investiga, alguien termina ocupando ese espacio.
A veces son asociaciones.
A veces periodistas.
A veces memorias personales.
A veces libros escritos por protagonistas.
Todos ellos son útiles.
Pero ninguno sustituye una investigación científica.
Porque la función de una tesis doctoral no consiste en homenajear a nadie.
Tampoco en ajustar cuentas.
Consiste en verificar.
Contrastar.
Documentar.
Y, cuando sea necesario, desmontar mitos.
También los propios.
Las preguntas que siguen esperando respuesta
Una tesis rigurosa debería responder, entre otras, cuestiones como estas:
- ¿Cómo nació realmente el Sindicato Unificado de la Guardia Civil (SUGC)?
- ¿Qué papel desempeñaron organizaciones anteriores como la ADGC, UDGC?
- ¿Qué influencia tuvieron las movilizaciones policiales de la Transición?
- ¿Cómo actuaron el SECED, el CESID y los servicios de información de la Guardia Civil?
- ¿Qué fue exactamente la Operación Columna?
- ¿Qué responsabilidades políticas existieron?
- ¿Por qué fracasó el reconocimiento del derecho de sindicación?
- ¿Cómo se produjo la transición desde la clandestinidad hacia asociaciones como COPROPER y posteriormente AUGC?
- ¿Qué reivindicaciones permanecen hoy incumplidas?
Y añadiría otra, quizá la más incómoda de todas:
¿Cómo se ha construido posteriormente la memoria de aquel movimiento?
Porque una cosa es la historia.
Otra muy distinta es el relato.
La memoria también necesita crítica
Con el paso del tiempo ocurre un fenómeno conocido por todos los historiadores.
Los protagonistas escriben sus memorias.
Las organizaciones elaboran su versión oficial.
Los medios destacan unos nombres y olvidan otros.
Las fotografías se repiten.
Los homenajes seleccionan.
Los libros enfatizan determinados episodios.
Y poco a poco la memoria colectiva termina pareciéndose más a un escaparate que a un archivo.
George Orwell comprendió muy bien ese riesgo cuando escribió:
"Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado."
No se trata necesariamente de falsificar documentos.
Basta con decidir qué merece ser recordado.
Y qué no.
Ni héroes ni villanos
Quizá la mayor virtud de una tesis doctoral sería precisamente esa.
Obligaría a todos a abandonar la zona de confort.
A quienes se consideran los únicos protagonistas.
Y también a quienes han preferido olvidar.
La historia rara vez concede monopolios morales.
Descubre aciertos.
También contradicciones.
Reconoce méritos.
Y desmonta leyendas.
Porque ni todos fueron héroes perfectos.
Ni todos los errores pertenecieron a los demás.
Una deuda pendiente
La clandestinidad sindical en la Guardia Civil forma parte de la historia democrática de España.
No es patrimonio de ninguna asociación.
No pertenece a ningún dirigente.
Ni siquiera pertenece exclusivamente a quienes la protagonizaron.
Pertenece a la historia.
Y precisamente por eso necesita dejar de depender de memorias parciales para convertirse en objeto de investigación científica.
Quizá entonces descubramos algo que hoy todavía incomoda.
Que los verdaderos protagonistas nunca fueron las personas.
Fueron las ideas.
La desmilitarización.
La libertad de asociación.
La sindicación.
Y el convencimiento de que la democracia también debía entrar por la puerta de los cuarteles.
¿En qué momento un movimiento que nació defendiendo la desmilitarización y la sindicación dejó de situar esas reivindicaciones en el centro de su discurso público?
Responder a esa pregunta no es un ejercicio de nostalgia.
Es, sencillamente, hacer historia. Y, como toda buena investigación histórica, probablemente obligará a revisar algunas certezas, desmontar algunos relatos y rescatar del olvido un debate que, durante un breve instante de 1998, llegó incluso al Congreso de los Diputados. COPROPER defendía la desmilitarización de la Guardia Civil y la creación de una única policía estatal de naturaleza civil mediante la integración de Guardia Civil y Policía Nacional.
Es decir.
Exactamente las mismas reivindicaciones que impulsaron, años antes, a quienes decidieron organizarse clandestinamente dentro de un instituto armado.
Desde aquí lanzo una invitación a cualquier investigador de Historia Contemporánea, Derecho Constitucional, Ciencia Política o Sociología. Hay una tesis doctoral esperando ser escrita. Las fuentes existen: archivos militares, hemerotecas, sumarios judiciales, documentación parlamentaria, fondos personales y, sobre todo, los testimonios de quienes aún viven. Pero el tiempo corre en contra. Cada protagonista que desaparece se lleva consigo una parte de esa historia. Si la Universidad no la reconstruye ahora, quizá dentro de unos años ya no pueda hacerlo con el mismo rigor.

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