JUNTOSPOLGC: entre la masa digital y el poder real. Por JM Prades
El surgimiento de JUNTOSPOLGC es, sin duda, uno de los fenómenos más llamativos recientes en el ecosistema reivindicativo de policías nacionales y guardias civiles. Su crecimiento acelerado en canales de mensajería -más de 25.000 agentes según sus propios datos- refleja algo que nadie debería subestimar: existe un malestar de fondo que sigue buscando cauces de expresión.
El movimiento se presenta como una iniciativa nacida del hartazgo. El diagnóstico conecta con una percepción extendida en las bases: años de promesas parciales, avances graduales y reivindicaciones históricas que, en muchos casos, siguen abiertas. Hasta aquí, el terreno es fértil.
Sin embargo, conviene distinguir entre masa digital y capacidad real de influencia. Los grupos de WhatsApp con comunicación unidireccional -donde solo los administradores emiten mensajes- son eficaces para construir audiencia rápida, pero no equivalen todavía a tejido organizativo. Son altavoz, no necesariamente estructura.
La historia reciente de la movilización profesional en España muestra un patrón claro: muchos proyectos despegan con fuerza emocional y crecimiento viral, pero solo consolidan poder aquellos que logran tres cosas difíciles a la vez: base movilizable, arquitectura interna y agenda concreta.
Y aquí emerge la incógnita de fondo.
El discurso de JUNTOSPOLGC apela a reivindicaciones históricas no atendidas. Pero el término es lo suficientemente amplio como para admitir múltiples lecturas. Para algunos, el núcleo del problema sigue estando en cuestiones retributivas o de condiciones laborales. Para otros -especialmente entre los sectores más veteranos del inconformismo dentro de la Guardia Civil- la cuestión estructural sigue siendo la misma desde hace décadas: la naturaleza militar del cuerpo y sus límites asociativos.
Si ese debate de fondo no aparece con claridad en la hoja de ruta, existe el riesgo de que el movimiento canalice descontento... sin alterar los equilibrios institucionales que lo generan.
Nada de esto invalida el fenómeno. Al contrario: su rápido crecimiento indica que hay un espacio emocional y profesional que sigue sin estar plenamente cubierto. Pero la verdadera prueba no está en los grupos de mil miembros ni en la viralidad inicial. Está en lo que ocurra cuando llegue el momento decisivo: movilización real, interlocución efectiva y concreción programática.
Ahí es donde muchos movimientos pasan de ser promesa… a quedarse en ruido.
Y ahí es donde se verá si estamos ante otra ola pasajera de hartazgo o ante el inicio de algo con capacidad de cambiar, aunque sea parcialmente, el tablero.
Los logotipos que aparecen en la parte inferior del cartel: ¿Están todos oficialmente dentro del movimiento o solo respaldan la manifestación concreta?... Tiempo al tiempo.

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